Y Messi se vistió de líder

Acostumbrados
a líderes como Maradona, con su magia, su entrega y su comportamiento
impredecible, no nos actumbrábamos al líder que nos tocaba hoy en la selección.
Ya desde el
mundial pasado los argentinos estábamos frustrados por no recibir de Messi lo
que esperábamos, ni siquiera un gol de esos que en Europa lo convertían en el
mejor jugador del mundo. Para los hinchas era un simple líder impuesto, un
líder experto como se dice en la jerga, al que sólo seguíamos por su conocimiento
y expertise.

Y en este
mundial, luego del primer partido ante Bosnia, un periodista brasilero le
reconoció al 10 que se lo notaba “más líder”, tomando la palabra en la ronda de
prensa, diciéndole al equipo qué hacer, agradeciendo al público en nombre de
todos y sugiriendo al técnico un cambio en la formación. Él simplemente
reconoció que estaba más grande, y que se sentía más cómodo con el equipo, que
eran no sólo colegas sino también amigos.
 Estábamos más cerca del líder que queríamos,
pero todavía esperábamos más. Algo inexplicable. Como dijo un periodista
extranjero, “faltaban razones para amar a Messi”. Y con el último partido ante
Irán, a punto de irnos con las manos vacías y una incertidumbre voraz, apareció
la magia. Se encendió esa luz que todos queríamos seguir. A dos minutos del
final nos demostró que no sólo era ilusión, o profesionalismo amargo, sino que
también podía tener la sangre de campeón que nos llevara a triunfar, y sacó a
relucir la pasión que tenemos todos los argentinos. Creo yo que ahora sí nos
terminamos de enamorar de aquel líder perfecto: experto, humilde, ejemplar,
respetuoso, y ahora también, apasionado.
Escribo
sobre Messi porque es una excelente ejemplo de lo que pasa en todas las
empresas. Es muy común que asciendan a puestos directivos a personas que sólo
tienen el poder de experto, es decir que saben “cerrar balances”, pero no
siempre saben cómo hacer que otros los cierren: no saben cómo conducir gente y
apasionarla para que logren juntos resultados extraordinarios. Es que no es
fácil lograr esa combinación. Sin ese compromiso y esa pasión, se logran
resultados sólo en condiciones normales, pero en situaciones de riesgo la
crisis reina. Un verdadero líder es capaz de lograr sacar lo mejor de cada uno,
y aún más en situaciones difíciles. Eso es lo que diferencia los equipos
buenos, de los mejores.
¿Qué se puede hacer?

Maradona
tenía un liderazgo nato, no necesitó “capacitación”. Messi tuvo que
desarrollarlo con el tiempo, pero lo logró, y llegó a un liderazgo más
equilibrado que “el Diego”, más sostenible en el tiempo. Es una demostración de
que líder se nace, pero también se puede hacer. Con capacitación, práctica y un
buen coaching, se puede preparar al líder que la organización necesita. Es
cuestión de entender cómo se sienten los seguidores o empleados con el líder,
analizar qué falta, e intentar moldearlo. Quizás no se logre con una sola
persona, en algunos casos dos personas pueden complementarse (como la dupla
Steve Jobs-Steve Woszniac en Apple), pero es responsabilidad de la dirección
hacerse cargo de encontrar el líder que la organización necesita.
¿Qué opinás de los líderes de tu empresa?
luciana.paulise@biztorming.com.ar
Directora de Biztorming

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *