6 Soluciones para un negocio familiar (parte 1)

Como dueño de un
negocio familiar, seguro te ha costado llegar al nivel de ventas que está hoy
en día, y no estás seguro de poder mantenerlo en el futuro. Las estadísticas no
son muy prometedoras, sólo un tercio de los negocios familiares llegan a ser
gestionados por la segunda generación, y muchos menos llegan a ser gestionados
por la tercera. En muchos casos, el principal problema es la falta de un plan
de sucesión y una estrategia a largo plazo.
El típico dueño
del negocio se pasa la vida desarrollándolo, y generalmente no pone la atención
suficiente en un plan a futuro que asegure la supervivencia de la empresa en
manos de la próxima generación. Está generalmente concentrado en los vaivenes
del día a día lo que hace difícil encontrar tiempo para  hacer un plan a largo plazo. A veces los
dueños no tienen a alguien en quien puedan depositar su confianza para seguir
el negocio, o no encuentran el momento justo para enfrentar la decisión.
Lo principal es
darse cuenta de que se está en una encrucijada y enfrentarla. Nunca es tarde
para empezar un plan de sucesión. No implica dejar la empresa ahora o
declararse muerto en vida, sino implica empezar a ver las distintas opciones y
plantear lineamientos básicos que permitan mantener el corazón de la empresa.
El Protocolo
Una de las
principales cuestiones que se pueden atacar es crear un Protocolo. Es un documento en el que la familia recoge los 
criterios por los que habrá de guiarse la compañía en lo referente a la sucesión de la misma, el acceso de los miembros de la familia a puestos en la 
empresa, aspectos relativos a la filosofía o valores de la compañía o cómo actuar frente a 
discrepancias que puedan surgir. Todos los integrantes de la familia
deben ser parte de la redacción de este documento.
El sucesor
Según José L.
Gómez López-Egea, profesor del IAE, “el directivo ideal para una empresa
determinada nace, con mayor facilidad y confiabilidad, en el interior de la
propia organización. El buen directivo de hoy es, en parte, un producto del
gerente de ayer. Debe, a su vez, colaborar efectivamente en la formación del
director de mañana.” Es por eso que es recomendable comenzar el proceso de
sucesión mucho antes de que realmente se necesite hacer el cambio. Claramente
es un tema difícil para quien está gestionando la empresa hoy en día, pero si
quiere asegurarse que todo lo que construyó se sostenga en el tiempo, cuanto
antes elija su sucesor y lo empiece a preparar, mucho mejor.
Muchos hijos
tratan de meterse en el negocio y presentan sus ideas innovadoras, pero no
siempre son bienvenidas. Algunos integrantes de la familia tocan de oído, pero
otros realmente pueden tener “pasta” para dirigir, con lo cual es importante
estar atento a las señales que se vayan presentando. Elegir claramente quién
estará a cargo evitará malos entendidos y ayudará a generar más compromiso por
parte del “elegido”.
También puede
desarrollarse, según el tamaño de la empresa, una especie de directorio o
consejo para la toma de decisiones, en el cual se logre entre todos un acuerdo
respecto al futuro de la empresa. Cada vez es más común que las empresas no
estén gestionadas por un único decisor, sino por un conjunto de ellos, para
tener más puntos de vista, más ideas y fomentar así el compromiso de todos los
miembros.
Remuneraciones
Otro problema es que, al no haber tareas y
responsabilidades determinadas, ingresan muchos miembros de la familia que
cobran un sueldo pero no generan un aporte acorde. También está el caso
opuesto, miembros que dedican la vida a la empresa y reciben un aporte que
apenas les alcanza para vivir.
No es justo pagar
a todos los hijos por igual, sino que debe pagarse según su puesto (que debe
ser definido previamente), capacidades y compromiso, así como se hace en una
empresa no familiar. Los aumentos también deben ser razonables y considerar no
sólo la inflación o los gremios, sino también la performance de los empleados,
como una forma de motivación. La falta de una política de remuneraciones puede,
en épocas de bonanza no mostrar problemas, pero en épocas de crisis resultar en
escasez de ahorros, imposibilidad de dedicar dinero a la inversión. En este
escenario, una disminución de las ventas puede llevar a la quiebra.
En la próxima
nota veremos las otras 3 soluciones. 
¿Tenés alguna
consulta? ¡No dudes en contactarnos!
Luciana
Paulise, Directora de Biztorming – Consultoría en Gestión de PYMES

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *